Saturday, July 18, 2009

El exorcista de la calle 6

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Historias con nombre y apellido

El exorcista de la calle 6

Jorge Fernández Díaz
LA NACION Sábado 18 de julio de 2009 | Publicado en edición impresa




El exorcista de la calle 6

El padre Mancuso, en la iglesia donde realizó la mayoría de los exorcismos: el templo de San José (La Plata), en la calle 6 Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

A Miguel se le aparecía en sueños una monjita que le señalaba el rostro de un hombre. En su desesperación, Miguel soñaba que esa mujer piadosa y consagrada le decía, sin palabras, "este hombre puede salvarte del averno". Miguel vivía en Entre Ríos y trabajaba con un miembro de una secta satánica que lo pretendía en amores. Se había resistido a ese requerimiento, había probado alimentos que el mago le había cocinado a modo de galante obsequio y, a partir de entonces, había sufrido convulsiones, violencias y toda clase de fenómenos autodestructivos. Lo habían tratado médicos y psiquiatras, y un sacerdote local le había diagnosticado "posesión diabólica". Al borde del suicidio, creyendo verdaderamente que estaba tomado por el demonio, llegó a la provincia de Buenos Aires y buscó, por medio de unos parientes alarmados, a un exorcista.

Carlos Mancuso es el párroco del templo de San José, sobre la calle 6, y el cura autorizado por el obispado de La Plata para realizar el ritual más misterioso y estremecedor de la liturgia católica. Cuando Mancuso examinó en su despacho al paciente y comprobó que no se trataba de un asunto meramente psiquiátrico, Miguel reconoció en sus facciones la cara del hombre providencial que le señalaba, en sueños, aquella monja ignota.

El exorcismo se produjo poco después en esa iglesia cerrada, sobre una frazada y con ayuda de cinco hombres que sostenían al poseso, mientras Mancuso trabajaba con las oraciones en latín, el crucifijo y el agua bendita. En la realidad, los exorcismos son mucho menos espectaculares que en la ficción. No hay levitaciones, telequinesis, multiplicidad de voces ni pronunciación de distintas lenguas. Al menos, el padre Mancuso, que lleva veinte años cumpliendo ese ritual redactado en 1614 y que tuvo leves enmiendas en 1984 bajo el papado de Juan Pablo II, asegura que jamás vio semejantes piruetas o clichés del folklore.

No por eso la ceremonia resultaba menos aterradora. Miguel se sacudía, gruñía, pateaba, insultaba y de vez en cuando miraba el fondo de los ojos del exorcista y le hablaba en nombre de otro. "Tu Dios no existe", le dijo en un momento. "¿Ah, no? -respondió Mancuso-. ¿Y a vos quién te mandó al infierno?" Miguel, o su ardiente inquilino, pasó de la negación al lamento: "Dios me ha abandonado".

El sacerdote tiene orden de su obispo de no confraternizar ni entrar en diálogos, pero no pudo en esa ocasión evitar la ironía: "Ah, claro, ahora resulta que te abandonó". Miguel se movía con una fuerza impresionante, y era doblegado una y otra vez por los auxiliares y atacado con las armas del ritual.

En un momento, exhausto por el esfuerzo, sonrió de un modo escalofriante: "Bueno, ahora podemos negociar", le dijo al cura. No había negocio posible. Y al final se entregó. Lo hizo adoptando un alivio absoluto, una paz nueva, un silencio limpio. Regresó a casa de sus parientes con la sensación de que había vuelto a ser él mismo después de tanto tiempo. Y antes de viajar a Entre Ríos, fue a escuchar misa y a darle gracias a Dios a la catedral de La Plata. También visitó distraídamente la santería y entre todas las estampitas vio una de sor María Ludovica, una mujer legendaria que realizó una gran tarea en el Hospital de Niños de la ciudad y murió en 1962. Esa era la monjita -aseguró Miguel, alelado- que se le aparecía en sueños mostrando la cara redonda pero seria del padre Mancuso.

Este episodio ocurrió hace dos años y a pesar de que el párroco de San José es uno de los más notables exorcistas de la Iglesia Católica argentina y que no se trata de un sacerdote ramplón y ciego sino de un hombre intelectual y estudioso de la psiquiatría, no puedo creer en lo que acaba de contarme. Puedo creer que me cuenta la verdad. Pero no puedo creer de verdad que existan anticristos ni posesiones satánicas. "No puedo creer -le digo-. Pero a veces creo en los que creen."

Fui educado en un colegio salesiano, pero luego conocí el materialismo histórico y me deslicé por la ciencia y la razón a este agnosticismo culposo: ahora envidio a los que tienen fe. Y me fascinan los ritos milenarios de la Iglesia que resisten la modernidad. Pero me gustan las historias de exorcistas como me gustan los cuentos de fantasmas y de vampiros.

Me encantan como lector los monstruos aunque no puedo creer verdaderamente en ellos. En mi concepción racionalista, Miguel tenía un delirio místico y necesitaba un curador que entrara en su lógica, creyendo profundamente en ella, y que lo curara de esa sugestión. El exorcista y el poseso tenían así algo en común: creían que Satanás existía y que podía invadir un cuerpo humano. Para muchos miembros de la propia Iglesia el diablo es sólo una metáfora del mal. Una figura jamás corpórea ni parlante. Otros sectores tienen la seguridad plena de lo contrario. Se reconoce que Juan Pablo II realizó tres exorcismos y se recuerda que hace poco Benedicto XVI saludó a la Asociación de Exorcistas Italianos diciéndoles: "Ustedes ejercen un importante ministerio al servicio de la Iglesia".

Lo concreto es que, en la era de las computadoras y más allá de polémicas internas o externas, el exorcismo se sigue practicando discretamente en casi todo el mundo. Y Mancuso se ha convertido en un referente de esa praxis. Lo llaman y escriben desde Estados Unidos y Europa, y lo invitan a realizar exorcismos en Centroamérica. Hace dos años tuvo que dar una conferencia en el Congreso Internacional de Psiquiatría, que se realizó en el Hotel Panamericano. El exorcista ha estudiado mucho esa materia, y los psiquiatras lo rodeaban pidiéndole que les relatara los casos más impresionantes. Su principal trabajo consiste en dilucidar cuándo verdaderamente se trata de un hecho de posesión. En muchas ocasiones, descubre detrás de esos síntomas esquizofrenia, histeria o paranoia, y deriva a los pacientes hacia centros de salud mental. Muchas veces percibe que es simplemente trabajo para los médicos clínicos o para los neurólogos. Es que los exorcistas dividen los problemas en tres planos: el físico, el psíquico y el espiritual. Y sólo pueden intervenir cuando en los dos primeros no se ha encontrado la razón última del disturbio. Si tengo que optar entre la mente y el alma, particularmente yo me quedo con la mente porque puedo diseccionarla, pero no se me ocurre discutir del tema con alguien que estudia día y noche teología, psiquiatría, parapsicología y tratados de demonología. Estamos en su despacho, donde habitualmente atiende cercado por libros antiguos, y me doy cuenta de que le teme más a la influenza que al demonio. "Es cierto -se ríe-. Tengo la estufa prendida todo el día y me pongo el abrigo para salir al corredor porque hace frío: soy diabético y no quiero enfermarme. Vivo solo y nunca tuve miedo a cosas sobrenaturales."

El cielo y la tierra están llenos de asuntos que no comprendemos y tengo la impresión de que no me queda más alternativa que escuchar y narrar algunas experiencias límites del exorcista sin juzgar si la suya es medicina real o simple placebo.

El primer caso de posesión que Carlos Mancuso vio de cerca ocurrió en los años 80 y la protagonista del evento resultó ser una catequista. La chica estaba de novia y todo marchaba bien, directo al casamiento, a pesar de que la inminente "suegra" pensaba que ella no era un buen partido y que la relación era un error. Al parecer, la mujer consultó un brujo y pagó por un maleficio. El mago le dio un preparado especial y le pidió que lo mezclara con frutillas e hiciera con ellas una torta para la catequista. Se trataba de un "trabajo" importante, y la madre del novio siguió las indicaciones al pie de la letra. Después de comer varias porciones, la chica comenzó a vomitar y a perder la conciencia, cambió radicalmente su personalidad y entró en un túnel de insultos y reacciones demenciales que duró días y días, y que ningún médico atinaba a frenar. El ángel se había convertido en un demonio. Y el cura de su parroquia, cuando la cosa se volvió inmanejable y escuchó que ella misma aseveraba tener dentro una presencia maligna, fue a buscar a Mancuso. Era una noche de luna y el cura de la calle 6 caminó por un largo pasillo y tocó a la puerta de la casa. Lo hicieron pasar y vio que la catequista estaba en cama, con su madre a un lado y un sacerdote, amigo de la familia, del otro. Inmediatamente entró, la chica le gritó a Mancuso: "¡Fuera, basura!". Y comenzó a escupirlo. Mancuso le acercó el crucifijo y le advirtió: "Este te va a vencer". La catequista respondió, con voz ronca: "A ése yo ya lo vencí".

"Está endemoniada"

Al día siguiente Mancuso visitó al padre Antonio Sagrera, un sacerdote español que tenía 85 años y que era el exorcista oficial de la diócesis. Sagrera estaba trabajando en el jardín y en cuanto Mancuso empezó a relatarle los detalles del caso de la catequista, sin dejar de cortar los brotes con su tijera, el veterano guerrero de la oscuridad dictaminó: "Está endemoniada". Lo hizo sin pestañear y sin dejar de podar su parra. Mancuso quedó impresionado por la seguridad de su maestro. Luego también él adquiría ese ojo clínico.

En aquel entonces, para practicar un exorcismo en la zona había que pedir permiso a monseñor Antonio Plaza. Hoy el obispo Héctor Aguer le ha dado permiso especial a Mancuso para llevar a cabo esas ceremonias según su criterio: confía absolutamente en los razonamientos de su párroco. Plaza le dijo a Mancuso: "Háganlo pero con mucha prudencia, tal vez no se trate de una poseída sino de una enferma".

Los familiares de la catequista la trajeron a la rastra a la iglesia a las diez de la mañana. Cerraron el templo al público y pusieron una manta en el suelo. Pese a que Sagrera dirigía la operación, Mancuso se adelantó y les dijo a los auxiliares: "Agárrenla entre todos". La catequista lo miró con sorna: "Ah, me tenés miedo". A órdenes del padre Antonio comenzaron los ritos y las unciones, y su sucedieron los pataleos e insultos procaces.

En un momento pararon para descansar y uno de los auxiliares le dijo: "La bronca es con usted, Mancuso". Era cierto: Sagrera manejaba el exorcismo, pero el odio de ella no se concentraba en el maestro sino en el aprendiz. "Fue como un aviso -me dice Mancuso-. Una premonición y un aviso por todos los combates que libraríamos él y yo a partir de entonces." Después de luchar y resistirse, después de un escándalo de voces y forcejeos, repentinamente todos escucharon una voz: "Abandono". Y la chica volvió dolorosamente de su furia ciega a sus cabales. Un estudiante de medicina, que presenciaba las maniobras, la había examinado en el pico máximo de tensión: la catequista registraba los valores vitales normales. En medio de la ira sin límite y los puñetazos tenía sólo 72 pulsaciones, como si estuviera tomando una apacible siesta.

El crecimiento del ocultismo y la magia negra, la proliferación de sectas satánicas y las cofradías secretas, la multiplicación de hechiceros, curanderos y adivinadores, y la progresiva experimentación del espiritismo han sido el principal caldo de cultivo de los pacientes que el padre Mancuso ha venido atendiendo. La mayoría proviene de la provincia de Buenos Aires y de la Capital.

Sin embargo, el caso más resonante del exorcista de la calle 6 vino de Santiago del Estero. En 1985 un joven de veinte años llamado Gonzalo entró en una secta y firmó un pacto diabólico. Se les prometía, a quienes pactaban, placeres y dichas a cambio de ofrendas cada vez más exigentes. A Gonzalo le pidieron, en una escalada final, la vida de un ser querido: que asesinara a un sobrino de ocho años. El joven no pudo cumplir con ese sacrificio y comenzó a tener comportamientos perversos, a manifestar que cargaba con una venganza infernal y que llevaba en su interior un espíritu demoníaco. Lo revisaron siquiatras y médicos, y lo trajeron a La Plata en ambulancia: allí vivía su madre, que lo hizo ver en institutos de alta tecnología médica. Gonzalo cometía locuras en períodos irregulares y de manera intermitente. Lo ingresaron finalmente en un manicomio y, después de unos días de observación, un psiquiatra encaró a la familia: "Llévenlo a un sacerdote especializado para que lo curen de la parte espiritual".

Un jueves de ceniza un párroco de la zona, atribulado por el caso, recurrió a los exorcistas. Mancuso examinó detenidamente el asunto y decidió que harían la ceremonia. El y sus auxiliares ayunaron durante unos días y estuvieron en oración permanente. Luego se reunieron con parientes de Gonzalo y con un médico catedrático de la Universidad de La Plata, que quería presenciar el exorcismo, y partieron hacia la zona de Lisandro Olmos. Gonzalo estaba viviendo solo en una casa humilde. Los vecinos decían haberlo visto masticar vidrios, tragar cuentas de rosario y destruir crucifijos. Había intentado pegarle a su madre, había tratado de estrangular a un hombre, había roto ventanas y dormía en el piso como un animal. Tenía, sin embargo, lapsos de lucidez y por lo tanto de congoja.

Mancuso entró en la casa y alzó su crucifijo, rodeado de su grupo de ayudantes, y Gonzalo se acercó en cuatro patas gruñendo como un cerdo y se detuvo, echó a correr en sentido contrario y se lanzó afuera por una ventana. Corrió a campo traviesa sin que pudieran alcanzarlo. Y tuvieron que volver a la parroquia con las manos vacías. Pero, después de almorzar, les avisaron a los sacerdotes que lo habían finalmente apresado y que lo llevaban maniatado en una camioneta hasta la Iglesia de San Cayetano.

El exorcismo se realizó en esa misma iglesia, con el apoyo de una veintena de personas, que lograban sujetar a Gonzalo a duras penas. El joven tenía una fuerza inverosímil y cuando Mancuso intentó ungirle la frente se sacudió con violencia. Lo dieron vuelta y lo pusieron boca abajo para que no pudiera lastimar a nadie ni zafarse, y los curas comenzaron el ritual en latín y no lo acabaron hasta que Gonzalo se aplacó y pudieron sentarlo en una silla. Allí terminaron los alaridos y extraños balbuceos. Estaba ahora calmado y abatido, y narró el acuerdo diabólico que había firmado y por qué se había producido la posesión. Y luego, en señal de arrepentimiento, pidió que lo llevaran en andas hasta el sagrario y allí besó los pies de Jesucristo: todo había terminado.

"Gonzalo murió veinte años después, hace poco -me dice Mancuso-. Muerte súbita. Le falló el corazón." Supongamos, le propongo, que un tipo cree estar endemoniado pero no lo está y ustedes le realizan un exorcismo. "No siempre podemos estar seguros de que no simulan la posesión -confiesa encogiéndose de hombros-. Pero si la persona se va de acá mejor, hemos hecho un bien, ¿no cree?" Me gusta creer que el exorcista no tiene forma entonces de hacer el mal. Me habla de paso de San Benito de Nursia, que fundó la orden de los benedictinos, fue un poderoso exorcista y es "invocado con efectividad" para conseguir la protección contra los espíritus diabólicos.

Mancuso se coloca nuevamente el abrigo y me acompaña hasta la puerta atravesando la fría austeridad de su parroquia. Está preparándose porque en pocos días más le traerán a un muchacho que vive en una villa miseria de la Capital. Dicen que está poseído y que al nacer su madre en lugar de bautizarlo lo consagró a Satán durante una misa sangrienta. Por cada hecho diurno hay un hecho nocturno. Hay una Biblia y una biblia negra, y un Cristo y un anticristo, un derecho y un revés, una diestra y una siniestra. Y un duelo entre los cultores del diablo y este gladiador de Dios. Aún en mi incredulidad más absoluta, le digo que fue un honor conocerlo. Mancuso no puede con su genio y me recuerda una vieja sentencia católica: "Al infierno van aquellos que dicen que no existe el infierno".

EL PERSONAJE

CARLOS MANCUSO
Cura exorcista de la diócesis de La Plata

  • Quién es: tiene 75 años y es desde hace más de treinta el párroco del templo de San José, ubicado en la calle 6 de La Plata.

  • Qué hace: tiene autorización de la Iglesia Católica para practicar el ritual del exorcismo. Es un estudioso de la psiquiatría, la parapsicología y la demonología.

  • Sus cargos: es confesor del Monasterio de Carmelitas, del Seminario Mayor y de la Casa del Padre Pío. Y capellán del Colegio Eurcarístico de la Plata. También es canónigo de la Santa Iglesia Catedral, es decir: forma parte del consejo de sacerdotes de monseñor Héctor Aguer, a quien responde de manera directa.

  • Su experiencia: realizó decenas de exorcismos. La célebre película de William Friedkin le parece "una exageración total". Recomienda ver una más realista: "El exorcismo de Mary Rose".
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Friday, July 17, 2009

Cuidate en las Vacaciones, eh!!

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Como sabrán en el hemisferio norte están en época de vacaciones y entre los millones de personas que decidieron tomarse “dos semanitas” está el Santo Padre Benedicto XVI.

El Papa –cual miembro de aquel grupo de aguerridos exalumnos del Colegio San José- no eligió como lugar de vacaciones alguna playa paqueta o alguna campiña monona, sino que eligió la montaña. Les Combes, en la región del Valle de Aosta, con vista al Mont-Blanc en lugar del Campamento (y no hostel) Ruca-Lauquen, en Villa Mascardi, con vista al Granítico y su falso homónimo.

¿Qué está haciendo? Aprovechando los días “dedica[ndose] a la lectura, a la escritura, y a realiza[ndo]paseos por senderos de las montañas más cercanas. En la casa se colocó, además, un piano para que pueda interpretar algunas de sus piezas favoritas, sobre todo de Mozart”*.

Y si recordamos un poco nuestras vacaciones far away and long ago, el Papa está haciendo lo mismo que nosotros: lee, escribe, da paseos por senderos tranquilos –no la picada del Cerro Navidad- y mucha música –aunque no sea La Barra y los Reyes del Cuarteto-.

El día de ayer el Santo Padre se cayó y tuvieron que ponerle un yeso en su brazo. Nosotros por ahora hemos zafado de esto, aunque recuerdo algunos golpes por no acatar las indicaciones del Ing. Agr. “lo sé todo” “es una montaña de arena”.

Sin embargo el sucesor de Pedro, alemán pero cual vasco de sangre “pese a los dolores, celebró misa y desayuno antes de internarse”*. Un ejemplo a sus 82 pirulos.

Por todo esto a la distancia te deseamos que te cuides, que descanses, que a la vuelta tienes la tamaña tarea de seguir al timón de la barca que te encomendó Cristo.


Oremus pro Pontifice nostro.

Dominus conservet eum, et vivificet eum,

et beatum faciat eum in terra,

et non tradat eum in animam inimicorum eius.



* Citas corresponden a AICA.



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¿Será verdad?

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La cerveza del Papa

Entre los gustos gastronómicos de Su Santidad, aparece la cerveza. Enterate de cuál es su favorita.
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Por: participacion.abc.es

Benedicto XVI recibe con regularidad algunas botellas de Spitfire, la cerveza inglesa preferida por Su Santidad. Probablemente en el altar de las cervezas, la deidad la ocupe algún brebaje alemán, pero entre las foráneas, Benedicto XVI tiene especial devoción por la "ale" Spitfire, una cerveza de alta fermentación. Quizá se deba a su gusto bávaro, muy acostumbrado a la "Weizenbier". Y para admiración de los británicos, la predilección es para una marca que lleva el nombre de uno de los aviones míticos que ayudó a los ingleses a ganar la Batalla de Inglaterrafrente a la Luftwaffe en la Segunda Guerra Mundial.

No es el único interés pontificio por los pubs, según explica en su libro "Sinners and Saints", el franciscano Michael Seed, el sacerdote que celebraba misa para los Blair en Downing Street y que contribuyó a la conversión del ex primer ministro: "Su inglés es perfecto, y a través de sus amigos luego descubrí su amor por la ale inglesa Spitfire, elaborada en Kent por Shepherd Neame, y su colección de posavasos de cervezas de Londres. Desde nuestro encuentro, le he enviado ambas cosas en varias ocasiones a través de clérigos que le visitan. Lo aprecia siempre de modo entusiasta, dicen, y entiendo que sus gustos no han cambiado".

En su libro, Seed también explica que el anterior cardenal de Westminster, Basil Hume, cuando en tiempos de Margaret Thatcher como primera ministra pasaba en coche por delante de Downing Street, bajaba la ventanilla y agitaba su puño diciendo: "Maggie out!, Maggie out!". (Tradicionalmente, el catolicismo británico ha estado más cerca del laborismo, debido al gran peso de la inmigración irlandesa y la adscripción del establishment al anglicanismo. Ya no es así).



Extraído de http://viaresto.clarin.com/Notas/La-cerveza-del-Papa-454.aspx (Derechos reservaods)

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Thursday, July 16, 2009

Lograr para los demás la misma felicidad

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La palabra del Padre General

En una de mis visitas a las comunidades, uno de nuestros hermanos betharramitas que se está recuperando de la adicción al alcohol me invitó a acompañarlo a un centro de recuperación de alcohólicos anónimos. Lo primero que hay que señalar es que este religioso pone mucho empeño en su recuperación, nunca se pierde las reuniones del grupo, aunque tenga que superar muchas dificultades. Al verlo vivir, uno puede descubrir que esta recuperación es algo esencial para él, que le ha permitido recuperar muchas cosas en su vida y que lo hace tomarse muy en serio las responsabilidades de su vocación y de su misión.

En el centro de recuperación tuvimos una reunión con los miembros que se están recuperando de su adicción. Nuestro hermano dio testimonio de lo que él vivió durante la dependencia y durante la recuperación. Me llamó la atención que hablara durante una hora, porque él siempre se lamenta de las homilías largas de algunos obispos. Pero lo entendí, cuando uno está convencido de algo por experiencia - y esa experiencia significa tanto en su vida por lo que había perdido y por lo que está ganando - todo el tiempo para dar razones de esa esperanza es poco, para poder llegar a convencer con el testimonio a otros y no se pierdan lo bueno que es vivir liberado de la dependencia cueste lo que cueste.
Esta experiencia me hizo pensar en la misión betharramita que según San Miguel Garicoits consiste en la tarea de lograr par los demás la misma felicidad. Nuestro hermano de la historia quiere contagiar a los que pasan por la experiencia desagradable que él pasó, la calidad de vida que él ha conseguido liberándose de la adición. Dos calidades de vida están en juego: la que él testimonia como un hecho ya en su vida y la que los que le escuchan pueden llegar a experimentar si creen que es posible y ponen los medios para conseguirlo.
El betharramita mediante el testimonio de su vida consagrada y las actividades de su misión proclama cómo Dios lo quiere y además el Amor que Dios tiene por cada persona humana y que nos reveló en Jesucristo, anonadado y obediente. La misión tiene como finalidad hacernos entrar en una dinámica de calidad de vida o de felicidad. Con esta experiencia del Amor de Dios se va consiguiendo que todos los hombres y mujeres que encontramos en nuestro camino, uno a uno, consigan mejor calidad de vida, la felicidad, la salvación.
Esta felicidad es la misma que la de los Sacerdotes de Betharram. Escondida ella, está también como una experiencia especial, la misma felicidad de nuestro Padre san Miguel Garicoits. Y la felicidad de los sacerdotes de Betharram es la misma que la de Jesús anonadado y obediente ante el Padre, de quien recibe el Amor que testimonia en sus actitudes, acciones, gestos y palabras.
La Felicidad de Jesús. Jesús, encarnado, muerto y resucitado es la fuente de la felicidad. En él la felicidad es el fruto de su convicción de ser el Hijo predilecto del Padre, que lo quiere con un amor tierno y comprometido. Un amor, que como respuesta por parte de Jesús lo lleva a una entrega generosa de su vida, que consiste en no actuar nunca por sí mismo sino por el Espíritu de Dios, entregado permanentemente a los mandatos de Dios para sufrir y hacer lo que Él dispusiera. Es la felicidad de Jesús anonadado y obediente, incentivo, modelo y medio para alcanzar el amor divino
La misma felicidad de San Miguel Garicoits, que respondió al amor que Dios le tenía, dedicando su vida a organizar la Congregación, que sentía que Dios le pedía y que murió en la Cruz de la obediencia, sin poder ver reconocida la Congregación y con muchos síntomas de que podía ser disuelta.
La misma felicidad de los religiosos (y laicos, podemos decir hoy) de Betharram que, en la contemplación de Jesús y de San Miguel, han tenido también la experiencia del amor de Dios, que los arrastra a consagrarle su vida mediante los votos y a la tarea de lograr para los demás la misma felicidad. Es una felicidad contagiosa, si falta en el misionero ¿por qué será reemplazada?
La misma felicidad de los demás. El testimonio de nuestra felicidad provocará en los demás la pregunta irresistible: ¿Y este, por qué es así? Y como el protagonista de la historia que comenzaba esta reflexión, daremos las razones de nuestra calidad de vida y de nuestra felicidad. Le anunciaremos el amor de Dios revelado en Jesucristo, les diremos que es también para ellos, lo conocerán, lo experimentarán, lo testimoniarán y seguirán generando felicidad en otros todavía. Hasta los confines de la tierra y hasta el fin del mundo.

Gaspar Fernandez,SCJ


Publicado en "NEF" 14 de juilo de 2009

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Tuesday, July 14, 2009

¡Ya viene! ¡Ya llega!

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Queridos todos:

Estamos cerca de una nueva edición de "Tiberíades".
La fecha que pensamos es desde el viernes 31 de julio hasta el domigo 2 de agosto en Casa de Encuentro "Corazón de Jesús".

Dentro de muy poco tiempo vamos a ir precisando un poco más los datos.

Lo importante es que se nos regala la posbilidad de hacer esta experiencia. ¿En qué consiste?

- Tres días de retiro, para mayores de 18, para encontrarnos con nosotros y con Jesús.
- Tiempo para ver en qué andamos y revisar nuestra vida.
- Posibilidad de silencio, oración, compartir, meditar, de la mano de Jesús que se acerca a la orilla de nuestra vida y nos invita...
- Hacer experiencia de Dios como hicieron los discípulos en la orilla del mar de Tiberíades, y poder narrarla, como hace Jn. 21.
- Ocasión privilegiada para "parar la pelota", cortar con la rutina, el ruido, las obligaciones, la internete, la tele...

Tiberíades, ¡tiempo para vos!




Si tenés más de 18...
Si querés tomarte unos días para vos...
Si querés estarte unos días cos Jesús...

¡No te lo podés perder!




Abrazo.



Seba scj.
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Friday, July 10, 2009

Este domingo...Habla Señor y Misa Joven en Adrogué

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Casa de Encuentro nos invita a vivir un domingo diferente. Nos ofrece primero Habla Señor... desde las 11 de la mañana. La idea es parar un poco la locura de la semana y a través de un personaje bíblico, en este caso David, ir para dentro y revisar la obra de Dios en nuestras vidas... darle gracias, pedirle que nos sane, atrevernos a soñar a lo grande en Su Presencia... Y las 17hs celebramos al Señor de la Vida en la Misa Joven... un espacio privilegiado para encontrarnos en Jesús con otros jóvenes... un tiempo para contemplar el misterio del Amor, llenarnos de esa Presencia y volver a nuestras comunidades animados y transformados. No les parece que vale la pena? Los esperamos!!!
Para saber más de Habla Señor http://www.hablaquetusiervoescucha.blogspot.com/ o de Misa Joven http://www.misajoven.blogspot.com/
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Thursday, July 09, 2009

Oración a Nuestra Señora de Luján por la epidemia de gripe

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Nuestra Señora de Luján:


A Ti que nos amas con especial ternura,

que velas por nosotros con maternal intercesión

y nos procuras siempre tu eficaz ayuda,

suplicamos tu protección y auxilio

para superar pronto esta epidemia

que ha venido a afectar a nuestra nación y al mundo.

Cúbrenos con tu manto,

líbranos de este mal

ilumina a las autoridades

y a quienes tienen poder de decisión

para que sepan establecer medidas y prioridades,

para prevenir y ayudar a toda la población,

y en particular a quienes son más vulnerables.

Concédenos prudencia y serenidad

para actuar con mucha responsabilidad

y así evitar ser contagiados o contagiar.

Socorre al personal de salud,

vela por la recuperación de los enfermos

y sé consuelo de quienes se encuentran en duelo.

Madre del verdadero Dios por quien se vive,

Tú que nos has rescatado de otras plagas,

encomiéndanos a la misericordia

de Aquel que nos sanó con sus llagas

y nos libró de la muerte con su Resurrección.

Enséñanos a unir nuestro dolor al suyo

para hallarle sentido redentor

y salir de esta adversidad

fortalecidos en la fe, la esperanza y el amor. Amén.



Los Obispos de Argentina,

Julio de 2009

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Aunque no lo crean, todavía hay arte en el mundo... ¡y está en la Internete!



Saluditos

Seba scj.
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Wednesday, July 08, 2009

Caritatis in Veritate - Nueva Encíclica

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En las apasionantes aventuras de nuestro Sumo Pontífice, Benedicto XVI guiando la barca de Pedro, continúa dando duras batallas contra las olas del modernismo moral, social y económico que nos sacuden día a día.

En un nuevo aporte a la Doctrina Social de la Iglesia, el Vicario de Cristo acaba de publicar su nueva Carta Encíclica “Caritatis in Veritate” (La Caridad en la Verdad).

El Papa comienza diciendo algo muy sensato: “La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”.

Es cierto no hay modelo de verdadera caridad sin Jesucristo, quien no sólo se hizo testigo, sino que se hizo siervo pasando por uno de tantos (Flp. 2) y es también Quien, a través de un verdadero encuentro, nos impulsa a cambiar nuestro metro cuadrado en el cual nos movemos cada día.

Encontrarse con Él –La Verdad (cfr. Jn., 14, 6)- es necesario, porque “[s]in verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente”.

A vuelo de pájaro la Encíclica parece muy jugosa, para los que se animen, les paso dos links:

Encíclica entera (para todos los que no tienen clases, laburo, etc., etc., etc.)
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate_sp.html

La Encíclica “Caritatis in Veritate”, en cápsulas; artículo publicado por ZENIT que resume en un bullet points las principales partes de la encíclica.
http://zenit.org/article-31814?l=spanish
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El padre Ignacio Pieres

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El padre Ignacio Pieres: "Soy un instrumento de Dios"

06:06

El sacerdote, al que visitan cada año un millón de personas en su parroquia de Rosario, rompe el silencio. En la primera entrevista concedida a un medio nacional, responde sobre su mediación sanadora y la incidencia de la fe en una curación. Las claves de un fenómeno religioso. Todo en el suplemento valores religiosos.

FE. El padre Ignacio en su parroquia de Rosario.

Un millón de personas -si... ¡un millón!- pasa cada año delante del padre Ignacio Pieres en su parroquia del modesto barrio Rucci de Rosario. Víctimas del dolor por una enfermedad, un impedimento físico o un desgarro familiar, católicos y no católicos confían en su mediación ante Dios que pueda hacer realidad el milagro que los libere del padecimiento. A veces deben esperar muchos meses hasta lograr que el religioso les imponga sus manos y los envuelva en un abrazo: la avalancha de pedidos obliga a dar turnos muy diferidos. Con o sin el milagro cumplido, todos se van reconfortados. ¿Quién es este hombre que llegó hace 30 años de Sri Lanka como un sacerdote más y hoy es el protagonista de un impresionante fenómeno religioso?

-¿Cómo explica este fenómeno?

-No puede explicarse. Es que no tiene sustento científico, ni humano. Uno sólo se siente instrumento de Dios. Él es el que obra. Es un don, una gracia o como se quiera decir. Lo único que sé es que doy la paz y la tranquilidad de Dios a la gente. Además, al intentar explicarlo, se puede caer en una exageración o en perder el concepto. Sólo hay que comprender que es una vivencia de fe.

-¿El sacerdote es un mediador?

-Mucha gente usa el calificativo de "cura sanador". Es un término muy complicado. Nadie sana, nadie tiene el poder de curar; quien lo tiene es el Señor. Solamente Dios me puede elegir, como a cualquier otro sacerdote o persona. A mí me dio la gracia de amar a los enfermos y estar con ellos. Esa es mi vocación. Otros pueden confesar horas y horas, otorgar el perdón de Dios, aconsejar y muchas cosas más. Cada uno recibe una misión, pero todos somos instrumentos de Dios. Una misión que nunca será de sanadores porque el que sana es Dios.

-¿Qué siente en ese momento?

-Lo que más siento es la cantidad de gente que acerqué a Dios. Algunos retornan; muchos que en nada creían -ateos, agnósticos-, terminan paladeando el amor de Dios.

-¿Algunos se curan?

-No hacemos ningún seguimiento. Lo cierto es que la curación, como el mismo Jesús lo dijo, es "tu fe te salva". La fe obra. Además, yo no busco la curación. Lo más importante es dar la paz de Dios a las personas. Al encontrarla se acercan a Él, abriéndose el camino espiritual o reencontrándolo. La curación depende de la gracia de Dios, no es obra de uno.

-Entonces, ¿a dónde apunta su intervención?

-A lo que más voy es a la conversión. La fe mueve montañas y recompensa de distintas formas. El mismo Jesús dijo: "En este pueblo no hago nada porque no encuentro la fe". Mi misión es ayudar a encontrarla. En todo caso, en la fe puede nacer la sanación.

-¿Qué busca?

-Mi misión, como Cruzada del Espíritu Santo, que es el nombre de nuestra asociación, tiene como punto central conquistar almas para Cristo. Para eso, Dios obra a su forma y dice: el Espíritu sopla donde quiere, como quiere y cuando quiere. Entonces, como discípulo, donde lo invoco dejo a Él que obre y haga según su voluntad.

-¿Con la imposición de manos comenzó apenas llegó?

-No puedo precisar el momento. Fue gradual. La imposición de manos es una cosa que todos los sacerdotes hacen desde la ordenación. En mi caso, la gente comenzó a difundir boca a boca mi imposición de manos y así fue creciendo la afluencia.

-¿Cómo define esa imposición?

-Es invocar la gracia de Dios. Ante cada persona, según su necesidad, por salud, trabajo, dolor. Jesús la enseña al decir que impongan e invoquen la paz sobre cada uno. De alguna manera, es para que la persona sienta la presencia del espíritu. Es la fuerza que recibieron los discípulos en Pentecostés y nosotros la tomamos para compartir con los demás.

-¿Cuánto tiempo lleva?

-Depende de cada caso. Dura hasta que pueda darme cuenta que está satisfecho. En total, cada jornada abarca muchas horas, llegando a l6 o 17 cada domingo.

-¿Cómo toma el hecho de que convoque a tanta gente?

-Cada día siento un compromiso muy grande, siempre a través de esa vocación que Dios me dio. Por eso, le pido que no me "agrande la cabeza" y pueda seguir compartiendo la vida como cualquier otra persona normal. Ser uno más en medio de todos para ayudar a andar y encontrar sentido a lo que hacemos. Ser yo, no otra persona, tal como me enseñaron papá y mamá. No llegarme a creer que soy importante, como si los otros no lo fueran. Cada uno lo es según el rol que le tocó cumplir. No siento nada extraño. Ni floto, ni vuelo. Soy normal, me alimento, duermo. No hay ninguna cosa rara.

-¿Cómo reacciona la gente?

-Cada uno tiene su propia experiencia. El Espíritu toca de diferente forma, según la necesidad; por eso, se lo expresa de manera distinta. Es algo que se siente muy profundamente y que moviliza. De pronto, la fe que uno lleva dentro se despierta y se pone en marcha. Esto impulsa a lograr una sanación o una comprensión muy profunda de lo que ocurre. Y que, como dije, no se puede explicar con palabras.

-¿La gente vuelve?

-Lo hace si se responde a su necesidad. Por ahí no vive ningún milagro, pero se siente escuchado, querido, amado. Yo experimento un gran amor de la gente y ese sentimiento -que es un idea y vuelta- signa el encuentro y provoca su repetición.

-¿De otros credos se acercan?

-Si. Porque no sólo vienen católicos, sino también evangélicos, judíos, mormones, budistas y de otras religiones. En los hospitales, cuando voy por las noches, muchos pastores se acercan para agradecer nuestra asistencia en nombre de los que sufren.

-¿Participan de la misa?

-Todos, unos dos mil en cada misa. Es que no hay otra posibilidad de estar conmigo. Aunque saquen turno, tienen que estar adentro. Pero no ponen objeción. Aclaro que de ninguna manera están obligados a cambiar de religión. Rezamos al mismo Dios como cada uno lo hace. Además, yo no quiero pescar en la pecera. En 30 años de bendiciones nunca se me ocurrió bautizar a nadie. Ofrecemos las bendiciones. Muchísimos rabinos vienen a charlar, pues saben como es. No estoy diciendo que no represento a la Iglesia Católica, pero tengo que ofrecer mi misión a todos, sin distinción de credo o condición religiosa.

-¿Qué dicen los vecinos de esta invasión de gente en el barrio?

-Siempre alguno se va a quejar. Es imposible hacer algo sin que haya alguna queja. A veces las razones son atendibles (el ruido, el embotellamiento). Y hasta ayudan a mejorar nuestro funcionamiento. Nunca hubo conflictos grandes, siempre hay alguna solución; además, ellos también reciben las bendiciones en la parroquia.

-¿Un sueño?

-Solamente que Dios me de la gracia de dar lo mejor y que la gente se sienta en presencia de Dios.


COPYRIGHT DIARIO CLARIN 08-07-09.

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